Dedicada a servir de herramienta a todos aquellos que gusten aprender y difundir la vida, obra y legado del Gral. José de San Martín

martes, 29 de marzo de 2011

La amistad en tiempos de revolución: Belgrano y San Martín

Por Juan Marcelo Calabria - Asociación Cultural 

Sanmartiniana “Mi Tebaida” para el diario "los Andes"

Leyendo las cartas que ambos próceres se enviaron uno a otro en los tiempos revolucionarios, se verifica plenamente la cordial y patriótica relación entre San Martín y Belgrano

La amistad en tiempos de revolución: Belgrano y San MartínPor Juan Marcelo Calabria - Asociación Cultural Sanmartiniana “Mi Tebaida”
Es muy difícil determinar cuándo comenzó, o cual fue el primer contacto que tuvieron los dos hombres más grandes que ha dado nuestro país. Pero sí podemos asegurar que desde la llegada al Río de la Plata del, entonces, teniente coronel José Francisco de San Martín, Manuel Belgrano se interesó por conocerlo. 

Así el 25 de setiembre de 1813 Belgrano le escribía: "¡Ay! Mi amigo? Y ¿qué concepto se ha formado usted de mí? Por casualidad o, mejor diré, porque Dios ha querido, me hallo de general, sin saber en qué esfera estoy. No ha sido esta mi carrera y ahora tengo que estudiar para medio desempeñarme, y cada día veo más y más las dificultades de cumplir con esta terrible obligación". 

Quizás la comunicación comenzara mucho antes de esta fecha; sabido es que San Martín venía aconsejando al General Belgrano sobre las distintas técnicas de guerra y la eficacia de unas armas sobre otras, en especial sobre la conveniencia de la formación de un cuerpo de lanceros en el Ejército de su mando. 

En medio de estas instrucciones, enviadas por el futuro libertador de América al creador de la Bandera, se producirán las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, que motivarán esta nueva comunicación del hombre de mayo hacia el jefe de los granaderos a caballo: "No siempre puede uno lo que quiere, ni con las mejores medidas se alcanza lo que se desea: he sido completamente batido en las pampas de Ayohuma cuando más creía conseguir la victoria; pero hay constancia y fortaleza para sobrellevar los contrastes y nada me arredrará para servir; aunque sea en la clase de soldado, para la libertad e independencia de la patria... lo pedí a usted desde Tucumán, no quisieron enviármelo; algún día sentirán esta negativa". 

Finalmente las ansias de Manuel se cumplieron y celebraba en sendas cartas del 17 y 25 de diciembre de 1813, respectivamente la cercanía de su, ya para entonces, "entrañable amigo", escribiendo: "No sé decir a usted lo bastante cuánto me alegro de la disposición del gobierno para que venga de jefe... Vuele usted, si es posible; la patria necesita de que se hagan esfuerzos singulares y no dudo que usted los ejecute según mis deseos, para que yo pueda respirar con alguna confianza y salir de los graves cuidados que me agitan... Crea usted que no tendré satisfacción mayor que el día que logre tener la satisfacción de estrecharlo entre mis brazos y hacerle ver lo que aprecio el mérito y honradez de los buenos patriotas como usted". 

Y más adelante, en la nueva comunicación Belgrano sentenciaba: "Porque estoy firmemente persuadido de que con usted se salvará la patria y podrá el ejército tomar diferente aspecto: soy solo; esto es hablar con claridad y confianza: no tengo ni he tenido quien me ayude y he andado los países en que he hecho la guerra como un descubridor, pero no acompañado de hombres que tengan iguales sentimientos a los míos, de sacrificarse antes que sucumbir a la tiranía porque la América aún no estaba en disposición de recibir los grandes bienes de la libertad e independencia; en fin mi amigo, espero en usted un compañero que me ilumine, que me ayude y quien conozca en mí la sencillez de mi trato y la pureza de mis intenciones, que Dios sabe no se dirigen ni se han dirigido más que al bien general de la patria y sacar a nuestros paisanos de la esclavitud en que vivían En fin mi amigo, hablaría más con usted si el tiempo me lo permitiera; empéñese usted en volar, si le es posible, con el auxilio, y en venir a ser no sólo mi amigo, sino maestro mío, mi compañero y mi jefe si quiere; persuádase que le hablo con mi corazón, como lo comprobaré con la experiencia constante que haga de la voluntad con que se dice suyo... Manuel Belgrano". 

Finalmente, luego de una larga travesía llegaba San Martín al Norte y luego del inmortal y famoso abrazo que se dieron ambos amigos en la Posta de los Algarrobos - no en Yatasto como tradicionalmente se ha afirmado - se alojaron en la estancia de las Juntas, propiedad de Manuel José Torrens y a partir de allí compartirán un corto, pero sin duda muy interesante tiempo al frente del casi desaparecido Ejército del Norte. 

Durante estos meses ambos líderes lograran intercambiar experiencias y conocimientos; transmitiendo, el uno, todo lo aprendido en una guerra sin recursos y una revolución altisonante, pero ininterrumpida desde el grito de Mayo del que fue protagonista y artífice; el otro todo su saber y profesionalismo obtenido luego de servir más de 20 años en los ejércitos europeos; pero lo más significativo es que en estos pocos días que Belgrano y San Martín compartirán en el frente norte de la guerra por la independencia, forjarán una amistad y admiración mutua que perdurará por siempre. 

Lamentablemente la política porteña y las decisiones de los "hermanos" masones obligarán al General Belgrano a rendir cuentas de sus derrotas en Buenos Aires, pese al insistente pedido de San Martín al gobierno, para que permitieran al vencido general Belgrano quedarse en aquel destino a su lado. 

A partir de allí los caminos de uno y otro se bifurcan, pero nunca dejarán de mantener estrecha comunicación, y de manera constante se presentarán ocupados y preocupados, cada uno en su destino revolucionario, pero siempre conectados por el bien de la patria grande: América.

Belgrano se convertirá a partir de aquel encuentro en un sincero consejero y no dudará en marcar a San Martín su opinión en aquellas decisiones que consideraba podían tener un resultado distinto al esperado; así, por ejemplo, ante la iniciativa de San Martín de permitir los duelos entre los oficiales, Belgrano le señaló lo inconveniente de esta medida en especial teniendo en cuenta la injerencia de los preceptos religiosos en los pueblos de su mando.

De ese modo, ésta y muchas otras sugerencias serán escuchadas por José y ambos sostendrán de manera pública y privada la admiración que uno y otro se profesaban, la que se resume en el concepto que tenían uno del otro: para Belgrano, San Martín valía por todo un ejército y muerto aún, podía, como el Cid conducir las huestes a la victoria. En tanto que San Martín, opinaba sobre Belgrano, que aún careciendo de la ciencia de un Moreau o de un Bonaparte "era lo mejor que se tenía en América". 

Dos hombres, dos destinos, una causa, una patria? y un legado imborrable de Amistad que solo la muerte del hombre de mayo pudo cortar. 

Ambos nos dejaron un Legado de Liderazgo y Patriotismo que debemos retomar y sobre el valor de la Amistad, la unión y concordia construir una nueva Nación.

viernes, 3 de diciembre de 2010

LAS MULAS EN EL EJÉRCITO DE LOS ANDES

ESAS MARAVILLOSAS MULAS - Juan Andrés Carrozzoni

 "SI LA MULA NO EXISTIERA, HABRIA QUE INVENTARLA",JACQUES BOJAULT.

Hemos seleccionado para ilustrar el comienzo de este artículo la aguada pintada por Vila y Prades, ya que el cruce de los Andes por San Martín, montado en su “caballo blanco”, es una de las creencias más difundidas y equivocadas al respecto. No lo hizo ni siquiera montado la mayor parte del trayecto, y mucho menos sobre un brioso corcel. Los tramos en que no fue llevado en camilla por sus fieles granaderos, lo hizo montado en una humilde y mansa mula criolla. Esta leyenda del caballo blanco, también nos hace incurrir en una enorme injusticia para con ese noble aunque ignorado peón de brega, verdadera pieza fundamentalísima e irremplazable para el cruce de los Andes, a punto tal, que podemos afirmar que sin su concurso, dicho cruce no hubiera podido realizarse en las condiciones que lo hizo el Libertador; y si podemos afirmar ésto, podemos también concluir en que una porción, aunque sea pequeña de la gloria por la libertad de Chile, le corresponde a estas magníficas bestias.
ACERCA DE LAS MULAS

La mula, animal imprescindible
para el cruce de los Andes.

El caballo y el asno se han apareado desde los tiempos más antiguos, y de estos cruces nacieron híbridos llamados mulos y burdéganos. Se llaman mulos los que han nacido de un asno y una yegua, y burdéganos los que proceden de un caballo y una burra; tanto unos como otros se parecen más a la madre que al padre. El mulo no es muy inferior al caballo en lo que respecta al tamaño y a la forma del cuerpo, pero en cambio se diferencia bastante por la cabeza, por la longitud de las orejas, por tener la raíz de la cola recubierta de cortos pelos y las ancas más robustas y las pezuñas más estrechas, más parecidas por lo tanto a las de los asnos. En el color del pelaje se parece casi siempre a la madre y rebuznan como el padre.

El burdégano presenta formas menos perfectas, es de menor tamaño y tiene las orejas más largas, como la madre. Del caballo conserva tan sólo la cabeza, que es larga y delgada; las ancas, que son amplias; la cola, peluda en toda su longitud, y el clásico relincho. También revela el carácter perezoso de la madre. Pero el caballo y la burra no se aparean nunca por propia voluntad, por lo que la cría de burdéganos exige el concurso del hombre: por otra parte, entre caballos y asnos en libertad existe siempre un odio que acaba en encarnizadas peleas. El asno, en cambio, se une voluntariamente con la yegua, que por cierto no parece aceptarlo de buen grado. Los mulos no pueden ser dedicados al trabajo antes de los cuatro años, pero a partir de esta edad se mantienen activos hasta los veinte y, a veces, hasta los treinta. Un mulo pesa, en el momento del nacimiento, entre 35 y 40 kg., es amamantado durante doscientos cuarenta días y completa su desarrollo físico a los sesenta meses. La duración de la vida es, aproximadamente, de unos veinte años. Como los mulos son más útiles que los burdéganos, el hombre se dedica más ampliamente a la cría de los primeros. En realidad, estos animales reúnen las ventajas de ambos progenitores: del asno tienen la sobriedad, la constancia, el paso tranquilo y seguro, y de la madre poseen la fuerza y el valor. Este híbrido es muy útil todavía en todos los países montañosos, y tiempo atrás, en América del Sur tuvo la misma importancia que el camello entre los árabes. Un buen mulo puede transportar una carga de 150 kg. y recorrer diariamente de 20 a 98 km. La cría del asno y del mulo generalmente se realiza en estado de semiestabulación, es decir, en campos de pasto donde se han preparado refugios primitivos. En contra de lo que sucede con los caballos, la cría de estos animales no se halla, pese a los progresos de la mecanización agrícola, en retroceso, pues aún hoy constituyen un insustituible medio de trabajo y de transporte en las pequeñas granjas familiares de zonas más atrasadas a causa de la configuración agronómica o de condiciones climáticas poco favorables. El asno y el mulo se adaptan a trabajos de tiro carga y silla, y son particularmente ágiles en los terrenos accidentados. El mulo y el burdégano generalmente son estériles, salvo alguna excepción por parte de las hembras. Ya desde la antigüedad se tienen noticias de híbridos fecundos, pero como entonces eso se consideraba como obra infernal o presagio de desventuras, tales hechos eran mantenidos en secreto. El primer caso conocido se remonta a 1527, y sucedió en Roma. En España, exactamente en Valencia, en 1762 una hermosa mula castaña se apareó con un magnífico caballo andaluz de color gris y, tras una gestación normal, dio a luz un espléndido potrillo de color rojizo y crines negras que manifestó todas las buenas cualidades de un caballo de pura raza. Posteriormente minuciosas observaciones han disipado todas las dudas respecto a la fecundidad del mulo, pues varios de estos animales, huéspedes del Jardín de Aclimatación de París, se han reproducido hasta la segunda generación. La mula es conocida de muy antiguo, como lo prueban las figuras esculpidas en los bajorrelieves asirios. Sin embargo, no se la encuentra en las inscripciones egipcias, lo que lleva a suponer que la cruza de esos animales se hizo por primera vez en la región situada entre el río Ganges y Siria. poco después de ser invadida por los mongoles. Parece que los hebreos no la conocieron hasta el reinado del rey David (1050-1015 a.C.). Los romanos le dieron gran importancia, dedicándole tanto o más interés que al caballo. En Italia ya era utilizada 350 años antes de Cristo. El dictador Sulpicio Peticus, durante una batalla con los galos, ordenó descargarlas y montarlas para cargar contra ellos. Esta estratagema sería imitada muchos años después por Julio César. Fueron los ejércitos romanos los que la introdujeron en Francia y España. Finalizado el tiempo de la conquista, los romanos las emplearon en tareas agrícolas y de transporte. En la Edad Media, en Italia, los grandes personajes la utilizaron como montura de lujo. A fines del siglo XVIII los artilleros las destinaban al transporte de bagajes, cañones y municiones, en la región alpina. En España, el hispano-romano Columela, contemporáneo de Jesucristo, en su célebre obra “Los doce libros de la agricultura”, le dedica dos capítulos. Debido a la popularidad de estos animales en la península ibérica, durante el reinado de Felipe IV (1605-1665), hubo problemas para reunir 80.000 caballos (dado que se prefería a los híbridos antes que a los equinos) y en los tiempos de Moliere (1622- 1673) eran la montura preferida de médicos, magistrados y prelados, lo que originó que La Fontaine dijera: “La mula es un prelado que se las echa de noble.” Durante el siglo XVIII la cría de mulas tuvo altibajos en España y Francia, llegándose a reglamentar como se debía cubrir las yeguas por los garañones. Para evitar la cría de caballos bajos o poco vigorosos, se prohibió destinar al cruzamiento, yeguas que tuvieran mas de cuatro pies de alzada bajo pena de muerte y confiscación, dejando así aquellas para ser cubiertas por padrillos. La sustitución de la llama por la mula como animal de carga en la región andina, entre los años 1600 y 1630, convierte al discutido híbrido del siglo XVI en “el fulgurante animal del siglo XVII.” Por distintos medios los reyes de España procuraron mantener en tierras americanas la supremacía que el caballo le daba al conquistador, como lo demuestran las disposiciones reales de tiempo del descubrimiento. Así se llegó al extremo que cuando Cristóbal Colón, debido a su mal estado de salud, no pudo montar más a caballo, debió solicitar permiso para montar en mula, porque desde 1494 se había prohibido a todos los habitantes del reino, emplear ese animal como cabalgadura. Como lo que se pretendía era fomentar la crianza del caballo, el rey dio el ejemplo dejando de andar en mula, como habitualmente lo hacía. En América se prohibió también utilizar carruajes de cualquier tipo, porque se consideraba que con ello los hombres perdían la habilidad de cabalgar. La prohibición de montar mulas se reiteró en el año 1505, exceptuando de esta medida sólo a los clérigos y a las mujeres. En 1528 se dieron instrucciones a la audiencia de México para que: “(...) so pena de muerte, no se vendieran a los indios (...) caballos ni yeguas, porque no se hiciesen diestros de andar a caballo y que no permitiesen mulas, para que hubiese más caballos (...).” No obstante las medidas dictadas para impedir el empleo de mulas, los caballeros que lucharon durante la conquista, corrientemente hacían largas jornadas montados en ese animal, llevando de tiro a su caballo de guerra, para que estuviese descansado al entrar en batalla. Más aún, se sabe que utilizaron algunas veces compañías montadas exclusivamente en mulas desde la misma época del descubrimiento. La mula fue introducida en el Nuevo Mundo por los españoles revolucionando el sistema de transporte hasta entonces conocido. A diferencia del ganado equino cimarrón que se reproducía libremente hasta entonces en América, la mula exhibe especial dedicación, tanto para su producción como para su cría, pero alguien dijo y con razón: “La mula es una mercancía que se transporta a sí misma”. Durante mucho tiempo, la producción de mulas se constituyó en el siglo XVII y XVIII en el comercio más importante entre el Perú y las provincias del norte, Córdoba, Cuyo y litoral, con la salvedad de que la mayor parte de las Cuyanas se vendían a Chile.


LAS MULAS Y LOS EJERCITOS DE NUESTRO PAIS

Sobre la utilidad que la mula le presto a nuestros ejércitos desde 1810 hasta hoy hay una gran cantidad de literatura. En homenaje a la brevedad, solo se expondrán algunos referidos al siglo XIX, que pueden ser suficientes para demostrar cuanto le debe también nuestro país en este aspecto a este sufrido animal. Los comerciantes ingleses J.P. y G.O. Robertson, que vivieron varios años en el Paraguay y la Argentina en la época de la Independencia, relatan en sus libros con sus memorias, que después de la derrota de Huaqui (junio de 1811), las fuerzas patriotas al mando de Juan M. de Pueyrredón, ante la imposibilidad de mantenerse en Potosí, decidieron evacuarlo. Luego prosigue así: “A las doce de la noche, Pueyrredón dispuso que las mulas fueran llevadas a la Casa de Moneda, con orden a los comisionados de que empezaran a cargarlas (...). A eso de las cuatro de la mañana la tropa empezó a salir de la ciudad en el más absoluto silencio (...) Se les había quitado el cencerro a las mulas para no despertar a quienes ya se consideraban como tenaces enemigos. A pesar de todas las precauciones, desaparecieron tres mulas cargadas de plata (...). Atravesó así calles muy pobladas sin que pudiese oírse otro ruido que las pisadas de los animales. Cuando la luz del día 25 iluminó la caravana, advirtióse que ya se encontraban fuera del peligroso Paso del Socavón y el jefe respiró al hallarse en campo abierto.” Lo relatado lleva a dos reflexiones: la primera, que en toda época ha habido hombres corruptos, porque a las tres mulas cargadas con metales preciosos alguien las hizo desaparecer. La segunda, que la actitud valiente y decidida de Pueyrredón y sus hombres logró salvar el tesoro que iba a caer en manos de los españoles y que así se pudo destinar a la causa patriótica. Cuenta el general Paz en sus memorias que, ante la invasión realista del año 1817, se produjo la retirada del ejercito patriota, al que le faltaban toda clase de recursos, por lo que a veces hubo que recurrir para alimentarse a la carne de mula. Quizás el ejemplo más importante de lo que significó la mula para nuestros ejércitos se pueda leer en la Historia de San Martín escrita por Bartolomé Mitre. El Libertador utilizó este animal tanto para la silla como para la carga y el transporte. Cuenta Mitre que a fines de 1816 el gobierno nacional le negó a San Martín un envío de fondos, parte de los cuales necesitaba para comprar más de 13.000 mulas. Escribe el historiador: “Fue entonces cuando el general de los Andes lanzó con su sencillez y gravedad habitual, sus gritos más heroicos, que resonaran en la posteridad: “Si no puedo reunir las mulas que necesito, me voy de a pie”. Agrega Mitre: “Y Cuyo dio las trece mil mulas (...) y el 12 (tres días antes de lo calculado) el triunfo coronaba las armas redentoras de la revolución argentina”, refiriéndose a la victoria de Chacabuco. De más esta decir que estos animales llevaron también sobre sus lomos gran cantidad de vituallas, armamentos y alimentos, entre muchas cosas que eran indispensables para este ejército que libertaría Chile y Perú. Continúa Mitre: “Toda la tropa iba montada en mulas, y marchaba en desfilada por los estrechos senderos pero organizada a la manera de arrias. Las cuatro mil mulas montadas estaban divididas en 200 piaras, y cada 20 soldados ocupaban una piara a cargo de un peón.” Saltando en el tiempo hasta la época en que Adolfo Alsina era ministro de Guerra del presidente Avellaneda, se conoce una comunicación del general Julio Roca, cuando era comandante de la frontera en Córdoba, donde le informa que dispone de 500 mulas para enviarle a la frontera bonaerense, lo que revela un alto índice de utilización de esos animales en las guerras fronteriza con los indios. A su vez, el coronel Eduardo Recado, antes de que se iniciara la conquista del desierto comandada por Roca le envía a éste un telegrama donde le dice: “Con 600 mulas más, mi División estará pronta para la gran expedición”. Eduardo Rayano, en su libro “Las caballadas en la guerra del indio”, hace muy, interesantes observaciones sobre el tema, algunas de las cuales se transcriben a continuación. “Puede afirmarse que sin la mula las operaciones militares hubiéranse retardado muchísimo y sin los óptimos resultados alcanzados en tal corto número de años. Sobre las mulas realizáronse los avances de las fronteras; las persecuciones del indio; los cambios de ubicación de las unidades; amen de los bastantes y largos viajes con cargas desproporcionadas. La artillería fue llevada a lomo de mula en la gran campaña al lago Nahuel Huapi durante el año 1881, como lo habían hecho nuestros antepasados los guerreros de la Independencia cuando cruzaban los Andes. Donde la mula resultó inestimable y hasta admirable, si se quiere, fueron en las operaciones de nuestras tropas en la región cordillerana durante la campaña de los Andes, en los años 1882 y 1883. “Nunca fue desmentida la fe ciega que tenía el soldado en la firmeza de la mula para tales cruzadas. Las riendas, en ocasiones dejábanse flojas, particularmente en trances difcilísimos que debían quedar a merced de este animal tan rastreador y seguro.” Ramayon también explica características no muy conocidas de la mula, al decir que ésta, como el perro, participaba en la vigilancia en la frontera con el indio. En los fortines, pequeños reductos guarnecidos por escasas fuerzas, para detectar al aborigen y a los pumas se colocaban mulas aisladas en puestos estratégicos para reemplazar a los centinelas. Mas de una vez, el perro se hacia eco del rebuzno de una mula, repetido dos o más veces, lo que era señal de peligro, pues delataba la presencia de algo extraño. La mula y el perro son, en la oscuridad y la soledad, sobresalientes avizores. La primera denota un pánico indescriptible cuando ve o escucha algo que la asusta. En ciertas ocasiones extremas, sirvieron como alimento para los soldados, tanto en los fortines como en los campamentos Ramayon finaliza sus consideraciones sobre la mula con estas palabras: “Sintetizando, decimos: que la mula durante tan largas y severas campanas sirvió como el caballo”. Pero a diferencia de nuestro caballito criollo, no tuvo poeta que le cantara ..

martes, 2 de noviembre de 2010

IXº Encuentro de Entidades Sanmartinianas en Ushuaia

Acaban de regresar las autoridades de la Asociación Cultural Sanmartiniana de Avellaneda, tras haber participado del IXº Encuentro de Entidades Sanmartiniana en Ushuaia.

Omar Campos, presidente de la delegación avellanedense, fue el encargado de dar una clase acerca de la vida del Gral. San Martín a todos los alumnos de la escuela rural de Lago Escondido, en plena cordillera de los Andes Fueguinos.

Con el privilegiado marco austral que brinda el Canal Beagle, se brindaron conferencias, se impartieron clases del Libertador en todas las escuelas locales, se inauguró la Plaza José de San Martín y se honró la memoria de los Héroes de Malvinas.

El evento, brillantemente organizado por la Asociación Sanmartiniana de Ushuaia, contó con la participación de numerosas delegaciones de todo el país, las autoridades del Instituto Nacional Sanmartiniano y la presencia de la Señora Gobernadora de Tierra del Fuego, Antártida e Islas de Atlántico Sur, Fabiana Ríos; el Intendente de Ushuaia Federico Sciurano y el Comandante del Área Naval Austral, Contraalmirante Daniel Martín.


lunes, 25 de octubre de 2010

EL LEGADO DE SAN MARTÍN

PENSAMIENTOS MÁXIMAS Y SENTENCIAS
Ed: INS 1978





PRÓLOGO

Los pensamientos, máximas y sentencias del Gran Capitán contenidos en esta publicación están extractados de las cartas y oficios que integran el "Archivo de los Documentos del General San Martín", publicado por don Alejandro Rosa; la "Correspondencia del General San Martín", recopilada por don Adolfo P. Carranza; documentos existentes en el Archivo General de la Nación, y otras fuentes de consulta igualmente responsables. "El Legado de San Martín" com­prende al "conductor", al "libertador" y al "pensador"; tres virtudes primordiales de la existencia, que conforman a su vez, de manera indivisible, la personalidad moral del libertador americano. Los pensamientos, máximas y sentencias brotados de la pluma de éste enviada providencial, bajo el imperio de circunstancias diversas, poseen la frescura de la espontaneidad y están asistidos de la dimensión que proporciona el conocimiento de la vida y la fragilidad del cora­zón humano. Ellos no constituyen el exponente de una atenta v cuidada faena literaria, pero representan las normas de una vida de excepción, consagrada a consolidar la dignidad del hombre, en base a los austeros principios con que acuñó la libertad de medio continente. San Martín no vivió para el fausto, ni escribió con vistas a la posteridad. Con respecto a lo primero, expresó un día, sobre "... poder seguir una vida independiente y retirada, ceñida a la sociedad de unos pocos y viejos amigos."; con relación a lo segundo, Benjamín Vicuña Mackenna le ha definido con maestría en su genial despreocupación de escritor. "Decía —ha expuesto— lo que necesitaba decir y nada más ni menos, pero lo decía a la carrera sin tropezón, "en lo montado". El general no cinceló las ¡armas; trabajó a escoplo sus pensamientos rotundos y definitivos.
No fue hombre de academias; vivió en los campamentos. Llegó para reunir, promover y lanzar hombres y pueblos a la emancipación. En estas páginas se descubren los hilos que formaron la urdimbre maravillosa de su vida y se obtienen los gérmenes esenciales de un auténtico conductor de almas, que efectuó sin énfasis su legado moral a las generaciones del porvenir. Conductor, estuvo en contacto con hombres de distintas categorías sociales; pasó por entre las filas de sus regimientos vencedores, y como "un instrumento accidental de la justicia", distribuyó responsabilidades, asignó jerarquías y estructuró Estados. Libertador, fue aclamado por multitudes- jubilosas; se asomó a salones resplandecientes de pompas, perfumes, y mujeres bellísimas; escaló las cimas del poder y repartió la gloría mas, "agente del destino", abdicó por propia voluntad todas las preeminencias y se marchó al ostracismo para "dejar a la voluntad de los pueblos la elección de sus gobiernos". Pensador, moldeado en Epicteto, pero inclinado a Séneca, sintió aversión por el bullicio de las ciudades, amó la tranquilidad y suspiró por la existencia sencilla y agreste. En Mendoza vivió en una chacra, en Chile y en Perú en una quinta, en Buenos Aires en los aledaños, en Francia- en la paz de Grand Bourg.
Con querencias en las soledades San Martín penetró en la inmortalidad.

  1. La segundad de los pueblos a mi mando es el más sagrado de mis deberes.

  1. Mi vida es lo menos reservado que poseo; la he consagrado a vuestra seguridad; la perderé con placer por tan digno objeto.

  1. Primero es ser que obrar. Las armas nos dan por ahora la existencia. Asegurada ésta por los esfuerzos militares, podremos entonces dedi­carnos al interesante cultivo de las letras.

  1. Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero, paralización del comercio y agricultura, arrostrar trabajos y ser superiores a todo género de fatigas y privaciones; pero todo es menos que volver a uncir el yugo pesado e ignominioso de la esclavitud.

  1. No perdonaré sacrificio que conduzca al restablecimiento de nues­tras pasadas desgracias, siguiendo constantemente las huellas de dig­nidad y de prudencia que ha dejado estampadas en su marcha gloriosa el pueblo, cuyos solemnes votos me han constituido.

  1. La unión y la confraternidad, tales serán los sentimientos que hayan de nivelar mi conducta pública cuando se trate de la dicha y de los intereses de los otros pueblos.

  1. El genio del orden y el acierto presiden las deliberaciones del pueblo de Mendoza.

  1. La moderación y la buena fe, tales los fundamentos sobre los que apoyo mis esperanzas de ver estrechados los vínculos sagrados que nos unen, y de no aventurar un solo paso que pueda romperlos o debilitarlos.

  1. Mis necesidades están más que suficientemente atendidas con la mitad del sueldo que gozo.

  1. Si es un deber de los magistrados para conservar la tranquilidad pública, separar de entre los buenos ciudadanos a los que por su interés particular, o por su error de ideas atenían contra los derechos de los demás; no es menos dispensarles su protección, si arrepen­tidos exigen indulgencia.

  1. Las cárceles no son un castigo, sino, el depósito que asegura al que deba recibirlo. Y ya que ¡as nuestras, por la educación española, están muy lejos de equipararse a la policía admirable que brilla en los otros países cultos, hagamos lo posible para llegar a imitarles.

  1. Conozca el mundo que el genio americano abjura con horror los crueles hábitos de sus antiguos opresores, y que el nuevo aire de libertad que empieza a respirarse, extiende su benigno influjo a todas las clases del Estado.

  1. Lo que no me deja dormir es no la oposición que puedan oponer los enemigos, sino, el atravesar estos inmensos montes.

  1. El pueblo jamás se empieza a mover por raciocinio sino por hechos.

  1. Mi existencia la sacrificaría antes que echar una mancha sobre mi vida pública, que se pudiera interpretar por ambición.

  1. Toda conmoción popular tiene tres tiempos difíciles. En los mo­mentos antes de la ejecución se suele pecar por imprudencia, en el acto de la ejecución por debilidad, y en los momentos poste­riores por nimia o necia confianza. Por consiguiente, es fácil ad­vertir que jamás deben dirigir un plan de revolución, sino, las personas más precisas y decididas, siendo el secreto su único misterio.

  1. La reputación del generoso puede comprarse muy barata; porque no consiste en gastar sin ton ni son, sino, en gastar con propiedad.

  1. Como hombre público y como privado he tenido siempre derecho a ser creído.

  1. Por inclinación y principios amo el gobierno republicano y nadie, nadie lo es más que yo.

  1. Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas.

  1. Parece que las revoluciones abren un campo inmenso a la maledicencia, y que sus principales tiros se dirigen principalmente contra los hombres que tienen la desgracia de mandar.

  1. El conocimiento exacto que tengo de la América, me dice que un Washington o un Franklin que se pusiese a la cabeza de nuestros gobiernos, no tendría mejor suceso que el de los demás hom­bres que han mandado, es decir, desacreditarse empeorando el mal.

  1. El mejor gobierno, no es el más liberal en sus principios, sino aquel que hace la felicidad de los que obedecen empleando los medios adecuados a este fin.

  1. En mis providencias malas o buenas, jamás ha tenido parte la per­sonalidad y sí, sólo el objeto del bien e independencia de nuestro suelo.

  1. En las guerras civiles el sistema de reputar enemigo al que no es de la misma opinión, es la ley suprema.

  1. Suponiendo que la suerte de las armas me hubiese sido favorable en la guerra civil, yo habría tenido que llorar la victoria con los mismos vencidos.

  1. La presencia de un militar afortunado (por más desprendimiento que tenga) es temible a los Estados que de nuevo se constituyen.

  1. Os ruego que aprendáis a distinguir los que trabajan por vuestro bien, de los que meditan vuestra ruina: no os expongáis a que los hombres de bien os abandonen al consejo de los ambiciosos.

  1. Deseo que todos se ilustren en los sagrados derechos que forman la esencia de los hombres libres.

  1. No hay juez más parcial que el amor propio; si alguno tengo, es el de haber dirigido bien las operaciones de esta campaña.

  1. Los soldados de la patria no conocen el lujo, sino, la gloria.

  1. Administrar recta justicia a todos, recompensando la virtud y el patriotismo, y castigando el vicio y la sedición en donde quiera que se encuentren, tal es la norma que reglará mis acciones.

  1. La seguridad individual del ciudadano y la de su propiedad deben constituir una de las bases de todo buen gobierno.

  1. Dios conserve la armonía, que es el modo de que salvemos la nave.

  1. Estoy convencido que, cuando los hombres no quieren obedecer la' ley, no hay otro arbitrio que el de la fuerza.

  1. Miro como bueno y legal todo gobierno que establezca el orden de un modo sólido y estable.

  1. Buenos Aires ha principiado y sostenido con magnanimidad la gran­diosa empresa de una Patria.

  1. La situación de este país es tal que al hombre que lo mande, no le queda otra alternativa que la de someterse a una facción o dejar de ser hombre público.

  1. La historia y la experiencia de nuestra revolución me han demos­trado, que jamás se puede mandar con más seguridad a los pueblos que después de una gran crisis.

  1. Estoy firmemente convencido, que esos males que afligen a los nue­vos Estados de América no dependen tanto de sus habitantes como de las constituciones que los rigen. Si los que se llaman legisladores en América hubieran tenido presente, que a los pueblos no se les debe dar las mejores leyes, pero sí las mejores que sean apropiadas a su carácter, la situación de nuestro país sería diferente.

  1. El empleo de la fuerza, siendo incompatible con nuestras institu­ciones, es, por otra parte, el peor enemigo que ellas tienen.

  1. Todo cálculo en revolución es erróneo; los principios admitidos como axiomas son, por lo menos, reducidos a problemas. Las ac­ciones más virtuosas son tergiversadas y los desprendimientos más palpables son actos de miras secundarias; así es que no puede formarse un plan seguro, y al hombre justo no le queda otro recurso, en medio de las convulsiones de los Estados, que proponerse por parte de su conducta "obrar bien": la experiencia me ha demostrado que ésta es el ancla de esperanza en las tempestades políticas.

  1. No soy de los que creen que es necesario dar azotes para gobernar, pero sí, el que las constituciones que se den a los pueblos estén en aptitudes y género de vida.

  1. Mi barómetro para conocer las garantías de tranquilidad que ofrece un país, las busco en el estado de su hacienda pública y, al mismo tiempo, en las bases de su gobierno.

  1. Un buen gobierno no está asegurado por la liberalidad de sus prin­cipios, pero sí por la influencia que tiene en la felicidad de los que obedecen.

  1. No se debe hacer promesa que no se pueda o no se deba cumplir.

  1. La marcha de todo Estado es muy lenta; si se precipita, sus con­secuencias son funestas.

  1. Protesto a nombre de la independencia de mi patria no admitir ja­más mayor graduación que la que tengo, ni obtener empleo público, y el militar que poseo renunciarlo, en el momento en que los americanos no tengan enemigos.

  1. No nos ensoberbezcamos con las glorías, y aprovechemos la oca­sión de fijar la suerte del país de un modo sólido y tranquilo.

  1. La religiosidad de mi palabra como caballero y como general, ha sido el caudal sobre el que han girado mis especulaciones.

EL LIBERTADOR

  1. Si alguna cosa es capaz de gloriarme en los sucesos felices que ha tenido el ejército de los Andes, es la idea de la suerte próspera que se presenta a la América en medio de los triunfos que han adquirido sus armas.

  1. Me he consagrado ardientemente a la causa de la revolución. Ni mi salud valetudinaria, ni sacrificio alguno es capaz de arredrarme.

  1. Siempre hubiera sido estéril mi esfuerzo para llevar las armas de la patria al triunfo contra sus enemigos, si el virtuoso y magnánimo pueblo de Buenos Aires, no hubiese apurado sacrificios en auxilio del ejército.

  1. Después de la desgracia del 19 [Cancha Rayada], fue la naturaleza la que quien halló y desplegó a mi vista el espectáculo del senti­miento más encantador que se puede gozar sobre la tierra: Yo juro delante de Dios y de la América que no será nominal mi recono­cimiento.

  1. Ante la causa de la América está mi honor; yo no tendré patria sin él y no puedo sacrificar un don tan precioso por cuanto existe en la tierra.

  1. No hay respeto humano que deba guardarse cuando se trata de la seguridad y libertad americana.

  1. Desde el momento que presté mis primeros servicios a la América del Sur, no me ha acompañado otro objeto que su felicidad, éste es el norte que me ha dirigido y dirigirá hasta el fin de mis días.

  1. Estoy al cabe de los grandes sacrificios que ha hecho ese pueblo y toda la provincia [Cuyo] que sólo pueden ser compensados con el reconocimiento eterno de millares de generaciones americanas.

  1. El amor a la patria me hace echar sobre mí toda responsabilidad: si contribuyo a salvarla, aunque después me ahorquen.

  1. Todo buen ciudadano tiene una obligación de sacrificarse por la libertad de su país.

  1. Mi objeto desde la revolución no ha sido otro que el bien y felicidad de nuestra patria y al mismo tiempo el decoro de su administración.

  1. Querer contener con la bayoneta el torrente de la opinión universal de la América, es como intentar la esclavitud de la naturaleza.

  1. Anhelo sólo al bien de mis semejantes: procuro el término de la guerra; y mis solicitaciones son tan sinceras a este sagrado objeto,

  1. firme mi resolución, si son admitidas, de no perdonar sacrificio la libertad, por la seguridad y por la dignidad de la patria.

  1. iesgracia puede repararse habiendo juicio.

  1. amos justicia a nuestra ignorancia y que el orgullo no nos pre-: en el abismo.

  1. quién hace zapatos me dirá usted? Andemos con ojotas; más esto a que nos cuelguen, y peor que esto, perder el honor mal.

  1. ido me propuse derramar mi sangre por los intereses de nuestra, fue en el concepto de hacer su defensa con honor y como militar, pero jamás me envolveré en la anarquía y desórdenes son necesarios, y que deben manchar los párrafos de nuestra jción.

  1. idos seremos esclavos: unidos estoy seguro que los batiremos: ios un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos ulares, y concluyamos nuestra obra con honor.

  1. Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos llega al corazón.

  1. i asegurar a usted que en mis providencias malas o buenas, ha tenido parte la personalidad y sí sólo el objeto del bien pendencia de nuestro suelo.

  1. Yo sólo deseo la independencia de la América del gobierno es­pañol, y que cada pueblo, si es posible, se dé la forma de gobierno que crea más conveniente.

  1. El placer de un triunfo para un guerrero que pelea por la felicidad de los pueblos, sólo lo produce la persuasión de ser un medio para que gocen de sus derechos.

  1. No, el general San Martín jamás derramará la sangre de sus com­patriotas, y sólo desenvainará la espada contra los enemigos de la independencia de Sud América.

  1. Presencié la declaración de la independencia de los Estados de Chile y el Perú: existe en mi poder el estandarte que trajo Pizarra para esclavizar el imperio de los Incas, y he dejado de ser hombre público; he aquí recompensados con usuras diez años de revolución y guerra. Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos.

  1. Sin embargo, siempre estaré pronto a hacer el último sacrificio por la libertad del país, pero en clase de simple particular y no más.

  1. En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad.

  1. Juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país entera­mente libre o morir con ellas como hombres de coraje.

  1. Al ejército de los Andes queda para siempre la gloria de decir: en veinticuatro días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos, y dimos la libertad a Chile.

  1. Al americano libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos.

  1. Tiempo ha que no me pertenezco a mí mismo, sino, a la causa del continente americano.

  1. La biblioteca es destinada a la ilustración universal, más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia.

  1. Perecer donde se eleve la libertad e independencia de la Patria, es la tumba más gloriosa para el bravo.

  1. Hombres que se abandonan a los excesos son indignos de ser libres.

  1. Soy enemigo de los tiranos, pero también lo soy de los malvados.

  1. Perseguiré igualmente a los que atacando el orden social, sólo pa­recen nacidos para el oprobio y aflicción de la humanidad.

  1. Nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sud.

  1. Los días de estreno de los establecimientos de ilustración, son tan luctuosos para los tiranos, como plausibles a los amantes de la libertad.

  1. Para defender la causa de la independencia no se necesita otra cosa que orgullo nacional.

  1. La libertad, ídolo de los pueblos libres, es aún despreciada de los siervos, porque no la conocen.

  1. Sean cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de la América es irrevocable.

  1. La América del Sud será sepultada en sus ruinas antes que sufrir la antigua dominación.

  1. La América es libre, y sus feroces rivales temblarán deslumbrados al destello de virtudes tan sólidas.

  1. Nada debe ocuparnos sino el objeto grande de la independencia universal.
  2. Mis débiles servicios estarán en todo tiempo prontos para la patria en cualquier peligro en que se halle.

  1. Desearía que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.

  1. Si somos libres, todo nos sobra.

  1. La armonía que creo tan necesaria para la felicidad de América, me ha hecho guardar la mayor moderación.

  1. Voy a hacer el último esfuerzo en beneficio de la América. Si éste no puede realizarse por la continuación de los desórdenes y anarquía, abandonaré el país, pues mi alma no tiene un temple suficiente para presenciar su ruina.

  1. Brindo por la pronta conclusión de la guerra y por la organización de las diferentes Repúblicas del Continente.

  1. Para defender la Libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral.

EL PENSADOR

  1. Estoy convencido, que la pasión del mando es, en general, lo que con más imperio domina al hombre.


  1. Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos.

  1. La calumnia, como todos los crímenes, no es, sino, obra de la ignorancia y del discernimiento pervertido.

  1. No he tenido más ambición que la de merecer el odio de los ingratos y el aprecio de los hombres virtuosos.

  1. El camino más seguro de llegar a la cabeza es empezar por el corazón.

  1. El hombre bajo todo gobierno será el mismo, es decir, con las mis-mas pasiones y debilidades.

  1. Los hombres distamos de opinión como de fisonomías, y mi conducta, en el tiempo en que fui hombre público, no pudo haber sido satisfactoria a todos.

  1. Repito: no en los hombres es donde debe esperarse e! término de nuestros males: e! mal está en las instituciones y sí sólo en las ins­tituciones.

  1. He mirado a mis enemigos con indiferencia o desprecio, mas me ha sido imposible tener igual filosofía con los que he conceptuado ser mis amigos.

  1. En cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas, como en lo general de las cosas, dividirán sus opiniones; los hijos de éstos darán el verdadero fallo.

  1. La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre la puerta de la abundancia y hace felices a los pueblos.

  1. Ser feliz es imposible, presenciando los males que afligen a la desgraciada América.

  1. Yo no puedo ser, sino, un instrumento accidental de la justicia y un agente del destino.

  1. El objeto de la guerra es el de conservar y facilitar el aumento de la fortuna de todo hombre pacífico y honrado.

  1. Ningún sacrificio habría sido grande para mi corazón, porque aun el esplendor de la victoria es una ventaja subalterna para quien sólo suspira por el bien de los pueblos.

  1. Los sucesos más brillantes de la guerra, y las empresas más gloriosas del genio de los hombres, no harían más que excitar en los pueblos un sentimiento de admiración mezclado de zozobra, si no entreviesen por término de todas ellas la mejora de sus instituciones, y la indemnización de sus actuales sacrificios.

  1. Mi nombre es ya bastante célebre para que yo lo manche con la infracción de mis promesas.

  1. Buscaré en el retiro el seno de la paz, y en cada día que abrace a un viejo soldado del Ejército Libertador, recibiré la más dulce re-compensa de todos mis trabajos.

  1. El nombre del general San Martín ha sido más considerado por los enemigos de la independencia, que por muchos de los americanos a quienes ha arrancado las viles cadenas que arrastraban.

  1. Mi juventud fue sacrificada al servicio de los españoles, mi edad media al de mi patria, creo que tengo derecho a disponer de mi vejez.
  2. No esperemos recompensa de nuestras fatigas y desvelos, y sí sólo enemigos: cuando no existamos nos harán justicia.

  1. Declaro no deber, ni haber jamás debido nada a nadie.

  1. El que se ahoga no repara en lo que se agarra.

  1. Cuando uno considera que tanta sangre y sacrificios no han sido empleados, sino, para perpetuar el desorden y la anarquía, se llena el alma del más cruel desconsuelo.

  1. Los hombres, en general, juzgan de lo pasado según su verdadera justicia, y de lo presente según sus intereses.

  1. Un solo caso podría llegar en que yo desconfiase de la salud del país, esto es, cuando viese una casi obsoleta mayoría en él por someterse, otra vez, al yugo de los españoles.

  1. Las consecuencias más frecuentes de la anarquía son las de producir un tirano.

  1. De los tres tercios de habitantes de que se compone el mundo,
    dos y medio son necios y el resto picaros, con nray poca excepción
    de hombres de bien.

  1. He tenido la desgracia de ser hombre público.

  1. La conciencia es el mejor y más imparcial juez que tiene el hombre de bien, pero no para depositar una confianza que nos pueda ser funesta.

  1. Para un hombre de virtud, he encontrado dos mil malvados.

  1. La ambición es respectiva a la condición y posición en que se encuentran los hombres, y hay alcalde de lugar que no se cree inferior a un Jorge IV.

  1. En medio de una vida absolutamente aislada, gozo de una tran­quilidad que doce años de revolución me hacían desear.

  1. En muchas cosas, la dicha no es un bien real, sino imaginario.

  1. Por regia general los revolucionarios de profesión son hombres de acción y bullangueros; por el contrario los hombres de orden no se ponen en evidencia sino con reserva.

  1. Si algún servicio tiene que agradecerme la América, es el de mi retirada de Lima.

  1. No hay bien cumplido en esta vida.

  1. Ya veo el término a mi vida pública, y voy a tratar de entregar esta pesada carga a manos seguras, y a retirarme a un rincón a vivir como hombre.

  1. Es necesario tener toda la filosofía de un Séneca, o la impudicia de un malvado para ser indiferente a la calumnia.

  1. Serás lo que hay que ser, sino no eres nada.

  1. Si no hay arbitrio de olvidar las injurias, porque este neto pende de mi memoria, a lo menos he aprendido a perdonarlas, porque este acto depende de mi corazón.

  1. He estado, estoy y estaré en la firme convicción de que toda la gratitud que se debe esperar de los pueblos en revolución, es sola­mente el que no sean ingratos.

  1. Para los hombres de coraje se han hecho las empresas.

  1. Tan injusto es prodigar premios como negarlos a quien los merece,

  1. Mi mejor amigo, es el que enmienda mis errores o reprueba mis desaciertos.

  1. César habría hecho morir al nieto de Pompeyo si no hubiese escuchado un buen consejo.

  1. Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente al sentimiento de la justicia.

  1. Nada suministra una idea para conocer a los hombres como una revolución.

  1. Más ruido hacen diez hombres que gritan que cien mil que están callados.